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Resumen
- 08/01/2009 13:41 - Rebajas para vacas flacas.
- 15/01/2009 02:37 - Ateobuses.
- 19/01/2009 17:32 - Never more.
- 22/01/2009 17:05 - Quien queda.
- 31/01/2009 17:32 - Pequeñas princesas.
Rebajas para vacas flacas.

’Escalada de céntimos’, por jnj.
Queja, en forma de duda razonable, de un radioyente: ¿Y por qué los gobiernos no inyectan dinero a las familias en vez de a los bancos?
Vale, seguramente sea inviable. Por ejemplo, aquellos cuatrocientos euros famosos de la devolución del fisco no habrán sido ni un simple granito en el colosal arenal de la macroestructura económica. Pero ¿y qué? Total, a la banca le están dando un dinero que no necesita: no olvidemos que no existe problema de liquidez, según dicen. O sea que se lo dan para que ellos lo presten, ¿no? Y no lo hacen, ¿no? —parece ser que uno de los grandes problemas en esta crisis es que el dinero ha dejado de circular—. En fin, pues que el Gobierno se ahorre al intermediario remolón y ya está..., ¡que tenemos que ir de rebajas! O no. Si vamos, reactivamos la economía por la vía comercial; si no, fomentamos el ahorro en tiempos de crisis, lo cual parecía ser la consigna oficial hasta ahora. Da gusto saber que uno no puede equivocarse. Los de a pie sufrimos la crisis; consuela saber —triste consuelo— que, al menos, no la causamos.
Y vete tú a saber por qué me he acordado yo ahora de lo que tan acertadamente recomendase Voltaire a propósito de los banqueros suizos, los cuales ya eran famosos en dieciochesca época. A saber, que si en alguna ocasión vemos a un banquero saltar por la ventana, saltemos también nosotros detrás, pues seguro que hay dinero que ganar de por medio.
Y es que, en tiempos de vacas flacas, las reses enjutas siguen siendo las mismas, pero más flacas; mientras que las gordas son las que se sientan en los bancos. Y no en los del parque, precisamente.
Ateobuses.

Foto de la Agencia EFE (A.Estévez).
Dos autobuses de las líneas 14 y 41 de Transports Metropolitans de Barcelona (TMB) lucen desde el lunes publicidad financiada por la Unión de Ateos y librepensadores de Catalunya y enmarcada en una campaña atea que cuestiona la existencia de Dios: Probablemente, Dios no existe. Deja de preocuparte y disfruta la vida.
El quid del eslogan está en el adverbio modal periférico. Cierto es que el probablemente ha sido impuesto —ya lo fue en su día durante la prístina campaña londinense—, pero no acabo de entender cómo gente presuntamente tan racional se ha dejado colar semejante gol semántico. Ni entiendo tampoco que nadie pueda decir que la campaña niegue la existencia de Dios, a lo sumo —como acabo de indicar— la cuestiona. Sin duda, el probablemente convierte a ateos en agnósticos, aunque conviene no olvidar que, diccionario en mano, al menos los librepensadores no son necesariamente ateos, pues lo único que establece el librepensamiento es la absoluta independencia de la razón individual respecto de cualquier criterio sobrenatural.
Por lo demás, el desacierto del eslogan no se limita a este detalle. No creo yo que el creer en Dios —llámese tal o llámese Alá, Yavé, Waheguru o Ngai— implique en el individuo una necesaria preocupación que le dificulte o impida disfrutar de la vida. Antes bien, cabe suponer que la fe tiende a iluminar y a fortalecer el espíritu del creyente. Ignacio Camacho escribía hace unos días en el ABC: El esfuerzo de gente como Sartre, Ortega, Nietzche o Cioran, que ha destilado tanto sufrimiento en la agonía interior de su búsqueda o su desencuentro, no puede reducirse a la simpleza de una frase de zafio epicureismo: "Dios no existe, así que ya puedes disfrutar de la vida". Con todo, es fácil presumir que en la mirilla del eslogan se hallan más la Iglesia o la religión que Dios, más el beato o el dogmático que el sólo creyente. Pero ni así me convence este eslogan; convendrán conmigo y con Anatole France en que El cristianismo ha hecho mucho por el amor convirtiéndolo en pecado, por ejemplo.
Llegados a este punto, lo suyo hubiese sido buscar un eslogan ad hoc; anticlerical, si me apuran. Sin necesidad de extremar tanto, a mí me hubiese valido con aquel célebre apotegma del "padre" del Padre Brown: La iglesia nos pide que al entrar en ella nos quitemos el sombrero, no la cabeza. Conciliador, sin duda, y con la gracia añadida de robárselo al rival, pues no me cabe duda de que Chesterton, al sentenciar, ya había llevado a cabo su conversión desde el agnosticismo al catolicismo, con apeadero anglicano incluido. A mí, confieso que me hubiese entusiasmado leer en esas rojas macroletras publicitarias una de las citas que más me gustan —sin ir más lejos, ayer mismo la regalé en forma de chapita a un colega del instituto que profesa el ateísmo—: Soy ateo, gracias a Dios, Luis Buñuel dixit.
Hace ya un tiempo, John Boynton Priestley dijo que Dios puede soportar que los ateos nieguen su existencia. Quizá y sin quizá Dios sí; al parecer, ciertos creyentes, no. O al menos eso colijo de la campaña que E-cristians se dispone a llevar a cabo. Y es que, como apunta René Juan Trossero: A Dios le sobran propagandistas y le faltan testigos.
Reconozco que de jovencito, esto es, hace ya demasiado tiempo, era deísta, acaso al modo pascaliano: si apostamos que Dios no existe y termina resultando que sí, nos quedamos sin dicha eterna; sin embargo, si apostamos que sí y nos equivocamos, no pasa nada —en fin, a lo peor a Dios no le haría mucha gracia la apuesta—. Más tarde, me llegó el agnosticismo. Sí, soy agnóstico, como Hume, Popper, Borges, Victoria Beckham... —hay puntos suspensivos que llegan decididamente tarde—. Supongo que es por ello que a mí la campaña y la contracampaña ni me van ni me vienen. Un agnóstico nunca la promovería, pues sólo sabemos que de esto no sabemos nada. Aldous Huxley ya nos definió bien: El agnosticismo simplemente significa que una persona no dirá que sabe o cree aquello para lo que no tiene bases para sostener que cree. O que no cree, añadiría yo.
Francamente, a mi modo de ver, el creer o no creer en Dios no son más que los dos polos opuestos del mismo imán: el de la fe. La razón no ha alcanzado nunca a demostrar la existencia de Dios, pese a que lo hayan intentado filósofos, teólogos, matemáticos y científicos; tampoco ha demostrado lo contrario. Tan acto de fe me parece, pues, la creencia del sí como la del no.
Y adiós.
Queden con Él.
O no.
Never more.

The raven (Edgar Allen Poe), por Kevin Dooley.
And the Raven, never flitting, still is sitting, still is sitting
On the pallid bust of Pallas just above my chamber door;
And his eyes have all the seeming of a demon’s that is dreaming,
And the lamplight o’er him streaming throws his shadow on the floor;
And my soul from out that shadow that lies floating on the floor
Shall be lifted - nevermore!Final de El cuervo, de Edgar Allan Poe (Boston 1809 - Baltimore 1849).
Quien queda.

"Y por meta... el horizonte", por P.Medina.
De ese espacio sin hilos que a todos nos envuelve, donde no hay ángeles con minúscula, pero sí con mayúscula; donde la pena y el pesar no sienten vergüenza; donde tú eres estrictamente tú y yo soy estrictamente yo —¡qué descansado y difícil a un tiempo!—. De ese espacio, recojo tus versos, amiga mía.
I.
Camino i parlo sola,
Parlo amb tu
I t’explico el meu dia,
A tu que ja el saps,
Que ja el veus,
que sé que el penses.
Agafo avions
I tot em parla de tu, tot te’m recorda
I prenc el teu cafè
Que no m’agrada,
I compro el teu perfum,
Que et fa present,
I t’enyoro a cada instant
I m’empasso les llàgrimes.
Et somio cada nit
I t’enyoro cada hora,
Cada dia,
Cada instant,
I vaig pel món com morta.
II.
Quina vida més curta, la teva,
Quin destí més tràgic, el teu,
I t’estimo tant
I no puc deixar de fer-ho,
Fins més enllà del cel,
Ja ho saps,
És el que et dèia,
És que que hi ha.
I tu allà
I jo aquí,
A l’altra costat de la frontera.
Com és a l’altra banda?
Pots sentir-me quan et parlo?
Pots veure’m des d’allà?
Pots saber com t’estimo?
III.
La soledat brutal dels vius
És ara més punyent,
Més intensa.
Te’n vas anar sense esperar-me.
Estic sol, em vas dir,
I no ho estaves.
Te’n vas anar pensant
Que marxaves sol,
I vas endur-te’m
Un tros d’ànima,
Te’m vas endur tota sencera,
Que sense tu tinc un forat
Aquí dins.
Àngels T. B..
Pequeñas princesas.

Pequeñas princesas las hay innúmeras en los cuentos, pero a la única real a quien conozco le dio nombre patricio el príncipe, su hermano, hace ya más de seis años.
Cada día la veo crecer más y más y, aunque nunca dejará de ser princesa, pronto, inexorable, imperceptiblemente, sin que me haya podido dar cuenta yo, habrá dejado de ser pequeña . Sin duda que ahora ya no me necesita mil veces al día; pero, antes de que mi pequeña princesa sea consciente de su creciente autonomía, aún me queda mucho tiempo que perder, ganándolo junto a ella. Esta imagen, por ejemplo, es el último cuarto de hora que, sentada ella sobre mis rodillas, hemos perdido y ganado juntos.



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