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A ContraLuz

Las ciudades invisibles.

Las ciudades invisibles.

 Variación de Meeting in Provence, de Manulao4.

un murete desde donde los viejos miran [...]

Al hombre que cabalga por tierras agrestes le acomete el deseo de una ciudad. Finalmente llega a Isidora, ciudad donde los palacios tienen escaleras de caracol incrustadas de caracolas marinas, donde se fabrican según las reglas del arte catalejos y violines, donde cuando el forastero está indeciso entre dos mujeres encuentra siempre una tercera, donde las riñas de gallos degeneran en peleas sangrientas entre los apostadores. En todas estas cosas pensaba el hombre cuando deseaba una ciudad. Isidora es, pues, la ciudad de sus sueños; con una diferencia. La ciudad soñada lo contenía joven; a Isidora llega a edad avanzada. En la plaza hay un murete desde donde los viejos miran pasar la juventud; el hombre está sentado en fila con ellos. Los deseos son ya recuerdos [...]

Cómo es verdaderamente la ciudad bajo esta apretada envoltura de signos, qué contiene o esconde, el hombre sale de Tamara sin haberlo sabido [...]

Zora, ciudad que quien la ha visto una vez no puede olvidarla más. Pero no porque deje, como otras ciudades memorables una imagen fuera de lo común en los recuerdos. Zora tiene la propiedad de permanecer en la memoria punto por punto, en la sucesión de las calles, y de las casas a lo largo de las calles, y de las puertas y las ventanas de las casas, aunque sin mostrar en ellas hermosuras o rarezas particulares. Su secreto es la forma en que la vista corre por figuras que se suceden como en una partitura musical donde no se puede cambiar o desplazar ninguna nota. El hombre que sabe de memoria cómo es Zora, en la noche, cuando no puede dormir imagina que camina por sus calles y recuerda el orden en que se suceden el reloj de cobre, el toldo a rayas del peluquero, la fuente de los nueve surtidores, la torre de vidrio del astrónomo, el puesto del vendedor de sandías, el café de la esquina, el atajo que va al puerto. Esta ciudad que no se borra de la mente es como un armazón o una retícula en cuyas casillas cada uno puede disponer las cosas que quiere recordar.

Siempre que vuelvo sobre estas líneas, asumo que la ciudad es femenina, más allá del azar de su género gramatical. Italo Calvino bautizó sus ciudades con evocadores y sugestivos nombres -Olinda, Laudomia, Berenice...- e instiló en muchas de ellas la gracia del espíritu femenino. Ignoro el grado de consciencia que hubo en ello, sin embargo el camino se desanda fácilmente en determinados pasajes: el libro se escribió de la mujer a la ciudad, pero se lee de la ciudad a la mujer.

5 comentarios

Juanjo -

Sakk, lo intentaré. Ve ahorrando.

Bel, tienes toda la razón. Además, tenemos la ventaja de que nuestro alrededor lo constituyen pequeñas ciudades que, por serlo, no se han deshumanizado aún.

Bel -

Preciosos nombres, sugerentes sitios para perderse, reencontrarse, escapar, llegar.

A veces paseamos por ciudades que no sabemos cuánta importancia tendrán en nuestra vida. No es la huella que dejamos en ella, seres minúsculos en ciudades alborotadas o tranquilas, es la impronta que nosotros siempre llevaremos de ella.

besos urbanitas

Sakkarah -

Pues...aún queda mucho, que conste. Si eres capaz de mantenerte joven, te invitaré sin duda, jajaja.

Un beso.

Juanjo -

Cualquier escrito es un pequeño tesoro en la medida que nuestra lectura lo convierte en ello.

Gracias, Sakk. Por cierto, ¿me invitarás para el vigésimo aniversario de tu mente? :)

Sakkarah -

Isidora toda una ciudad para el sueño.

No sé cuando los deseos se hacen recuerdos, yo, según tengo comprobado, viendo a tantos ancianitos enamorados como niños, el deseo lo amordaza la lápida.

Para un joven es inimaginable esto, pero la mente no envejece demasiado, o al menos, no todas las mentes.

Me gusta la descripción de Zara.

Es bonito leer aquí, tus cosas escogidas, son como pequeños tesoros.

Un beso.