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Resumen
- 03/11/2007 13:45 - Tibidabo.
- 04/11/2007 11:09 - Nobel de literatura 2007.
- 05/11/2007 16:01 - De fútbol y de antropónimos.
- 12/11/2007 23:48 - Adivinanza fotográfica.
- 17/11/2007 21:29 - Zapatones.
- 22/11/2007 16:36 - Adiós a Fernando Fernán Gómez.
- 28/11/2007 23:21 - Cazadores de dragones.
- 29/11/2007 23:29 - 29 de noviembre: tal día como hoy...
Tibidabo.

En la cota más elevada de la Sierra de Collserola, a medio kilómetro de altura sobre el nivel del mar que acaricia el horizonte de la ciudad, la vastedad de Barcelona sorprende y turba, casi extasía. Y con tal embeleso no cuesta comprender los motivos que tuvieron los jerónimos para recoger, de Lucas o de Mateo, las palabras con que el diablo inicia su tercera tentación a Cristo:
et dixit illi haec tibi omnia dabo .
No pudo Jesús estar contemplando mayor maravilla en los Reinos de la Tierra.
Pero poco importan a la tarde del viernes cuestiones toponímicas, menos aún bíblicas. Importa, sí, que la ciudad decidiese, hace más o menos un siglo, ofrecer a los días de festivo familiares un lugar en que divertirse amablemente. E importa, claro, que lo siga ofreciendo hoy día. Junto a vetustas atracciones seculares, que sin embargo aún atraen -el avión, el aéreo, la atalaya, los autómatas-, otras decididamente contemporáneas provocan el vértigo, la emoción, la risa, el miedo incluso; a los niños, más que a nadie, que para eso saben vivir la vida sin más.
Nunca probé sus pastillas, pero: gracias, doctor Andreu.
Nobel de literatura 2007.
Lo que hoy día es la Guardia Civil fue en tiempo la Santa Hermandad, esto es, una institución cuyos miembros tenían por misión atender a los delitos que se cometían fuera de ciudades y pueblos. No son figuras del todo desconocidas, pues podemos verlos cruzar de vez en cuando, por ejemplo, las páginas de El Ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha. El caso es que estos cuadrilleros fueron ganándose a pulso la fama de no llegar a tiempo para capturar a los malhechores, cuyos delitos quedaban así impunes. Y como quiera que el uniforme que vestían era de coleto con mangas verdes, de ahí se dio el ¡A buena hora, mangas verdes!
Y así yo, tras semejante introito prescindible, llego tarde también a escribir cuatro cosillas acerca del -no sé si atreverme a decir recién otorgado- Premio Nobel de Literatura 2007. En fin, ahí va mi ¡A buena hora, mangas verdes! Y conste que llego tarde no tanto por la demora que causa el primer párrafo sino porque lo que aquí sigue dormía su olvido, con fecha 13 de octubre, en un borrador de esta bitácora.
A sus casi 90 años, la escritora británica Doris Lessing ha sido distinguida con el Premio Nobel de Literatura. El fallo de la Academia Sueca parece ser que ha sido en parte sorprendente, pues la autora de El cuaderno dorado no figuraba entre los favoritos finales.
¿Y a santo de qué no?, me pregunto yo. Cierto es que no hay que desmerecer la valía de otros ilustres candidatos como Claudio Magris o Philip Roth; pero Doris Lessing se me antoja justa merecedora del premio. Puestos a sorprenderse, sorprendámonos de que Cees Nooteboom o Milan Kundera, sempiternos candidatos, todavía no lo tengan en su haber. Más aún, sorprendámonos de que en su día lo recibiese, por ejemplo José Echegaray -¡ay!, que si llego a escribir esto ayer...[las mangas verdes ayudan a entender que ese ayer era el Día de la Hispanidad]- Por otro lado, con los Nobel, sucede un poco lo que con los Oscar: así como Bergman, Chaplin, Kubrick, Hitchcock o Fellini nunca recibieron una estatuilla del dorado tío, tampoco Ibsen, Borges, Proust, Kafka, Brecht o Tolstoi fueron nunca premios Nobel.
En fin, que a la Lessing la veremos más que a otros en el próximo -aunque aún lejano- Sant Jordi. Pero tampoco tanto como a algunos mediáticos, me temo.
Pues eso, en fin.
De fútbol y de antropónimos.
La otra noche disfrutaba yo como un gorrino -perdón: como un cerdo, que ya uno va teniendo una edad- mientras veía lo que el anodino cliché del periodismo deportivo seguramente habrá definido como el severo correctivo que el equipo hispalense infligió al provisional líder de la 1ª división de fútbol. Hacia el final del encuentro, un telespectador advirtió al locutor que el nombre del portero del Sevilla Palop es Andrés y no Andreu, maguer sea éste valenciano y se exprese en lengua vernácula. Ignoro si la partida de bautismo y el registro civil cuadran con uno u otro nombre; pero seguro que el telespectador retenía en su memoria reciente el último programa de Tengo una pregunta para usted. El telespectador y el locutor, por supuesto, quien en los pocos minutos que restaban para la conclusión del partido pasó a aludir al guardameta con su solo primer apellido, rehuyendo así -según él mismo reconoció- la posibilidad de suscitar cualquier polémica.

Y es que andan las aguas ideológicas revueltas y me temo quién sea el pescador político de las ganancias.
Tardaremos en olvidar a la terca señora pucelana que, tras documentarse debida y rigurosamente nada menos que en Internet, con vehemencia se obstinaba en llamar Pérez a Carod, incluso a pesar de éste. Y claro, creó escuela, que, en días posteriores, más de uno y más de dos continuaron empecinados con el Pérez de marras en columnas y tertulias.
Tardaremos también en olvidar a aquel otro -no sé si de Pucela o de Marte- cuya tozudez fue la de traducir, quieras o no, Josep Lluís a José Luis, arguyendo -si tal fuese argumento- que yo no sé catalán. Imagino yo a este señor, por mera probabilidad estadística, aficionado al fútbol y, no siendo persona periférica, por ende, aficionado a la selección española. Me cuesta trabajo creer que al hablar de los seleccionados, junto a los Raúl o Joaquín, se refiera el buen señor a Xavi como Javi, pese a no saber catalán. Por aquí no se nos ocurrirá nunca decir Joaquim, mucho menos Sergi Rams o Andreu Ginesta; pero claro, aquí sabemos hablar castellano además. En fin, ahora que pienso, algunas veleidades sí se dan. Debo reconocer que siento algo de vergüenza ajena cuando Josep Maria Pujal hace resbalar de su boca, ese que ese, algunos "Gonsales" venidos de ultramar -en el último partido, Mark González, jugador bético, por ejemplo-. Pero claro, aquí las razones del desatino son otras: el ínclito purista Pujal, cubre minutos y minutos de retransmisión futbolística con disquisiciones fonéticas acerca de la correcta pronunciación de RijKaard, Krkic, Gudjohnsen o Gaúcho, que no Gaucho -por supuesto, ¡con la rivalidad que hay entre brasileños y argentinos, sólo faltaba que no hiciéramos del diptongo hiato portugués y que al riograndense lo convirtiésemos poco menos que en pampa!-. Qué menos, pues, que adecuar también un González o lo que se tercie al dejo sudamericano.
Hay que tener las cosas un pelín claras, caramba, que tampoco cuesta tanto. Seguro que la vallisoletana de pro acude -como fantaseaba teorizando Boris Izaguirre- con periódica fidelidad a su peluquero Michel, a quien no llamará Miguel, por parecerle más arrabalero. Las famosas pastillas a que me refería yo hace nada en otro artículo lo han sido siempre del doctor Andreu y no del doctor Andrés. Y que yo recuerde, durante tanto tiempo de mandato, el President de la Generalitat nunca fue Colina o Mogote; ni Pujol -así, sonando estridente la jota-; ni siquiera Jorge.
Recuerdo a mis padres y a otros adultos de mi infancia y juventud alegrarse de que el protagonista del wéstern de la sobremesa del sábado fuese Yon Güaine: claro, no sabían inglés. Pero tampoco exclamaban Juan Güaine. Seamos consecuentes; los nombres propios sirven para designar inequívocamente a un individuo de entre el resto de los de su misma especie -lo saben hasta los esitos de 1º-. No los traduzcamos, pues; al menos, no a la ligera. Si Vidal-Cuadras se siente tan cómodo siendo Aleix como Alejo, pues bien; pero otra cosa es ya venir a joder la marrana.
Distinto al de los antropónimos es el caso de los topónimos. En adelante, seguiremos yéndonos a Londres y no a London, a Nueva York y no a New York. Ahora bien, será del todo imposible que, una vez allí, acudamos a un concierto de Jorge Miguel o de Marcos Antonio, por muy londinense que sea el uno y muy neoyorquino que sea el otro. Así nombrados, el autor de Faith y el de Mended más parecen actores de telenovela que cantantes pop.
Con razón hay en España quienes nos llaman polacos: ¡les quedamos tan lejos..! Al menos, yo a ellos sí que los siento lejos. Y náuseas, cuando leo algo como lo que David-Gistau escribió sobre Carod en El Mundo:
Fue oír José Luis y a punto estuvo la cabeza de empezar a darle vueltas sobre los hombros como si se tratara de la niña de El exorcista escupiendo puré de guisante: Mira lo que ha dicho la guarra de esta española.

Conste que nunca he votado ERC.
Adivinanza fotográfica.

¿Quién se atreve a decir dónde tomé esta foto el sábado?
Zapatones.

Llegados a Santiago, a Zapatones se le ve al tiempo que a la catedral compostelana. Deambula incansable este sempiterno peregrino -el peregrino, por antonomasia- transitando las calles del casco antiguo.
Lo más habitual, por supuesto, es encontrarse con Zapatones en la Plaza del Obradoiro, "su casa", como él mismo dice justo antes de explicar que el propio Rey Don Juan Carlos I le dijera una vez que tenía "la sala de estar más bonita de España". Sin embargo, nosotros dimos con él, la primera de las tantas veces, no en el exterior de la plaza sino en el interior del Hostal dos Reis Católicos, donde nos hospedábamos. Tampoco es de extrañar, por dos razones. En primer lugar, la ubicación: este Parador Nacional -antaño, Hospital Real para albergar peregrinos- forma, con la catedral, un hermoso ángulo arquitectónico; es decir, pese a que Zapatones no era cliente, seguro que se sentía en "su casa". En segundo lugar, este entrañable personaje -algo más Sancho que Quijote, a buen seguro- los más de sus pasos en el caminar por el casco antiguo los da sobre el empedrado de la Rúa do Franco, calle de los vinos por excelencia. Durante el fin de semana pasado, tuvo lugar en el Parador un certamen de moda y justo aquella tarde en que nosotros llegamos, en uno de los cuatro claustros que se encuentran en su interior, se ofrecía un refrigerio. Por entre las guapas modelos, los camareros traían y llevaban canapés, pastitas, cava y vino. En fin, que Zapatones allí estaba. Porque Zapatones da entidad compostelana a un evento y esa tarde la Entidad daba a Zapatones el vino del evento... , sin desmerecer a las esbeltas modelos, que, después de todo, lo acapararon -o fueron por él acaparadas, no sé-, salvo en el momento de raptarlo para la foto.
¡Y qué guapos estamos: Joan Pere, Zapatones, Javi y un servidor! Y ese mofletero colorcillo sonrosado del amigo... Si es que... ¡Que no falte de na! -como decían por doquier los camareros almerienses de este verano-, ni bordón ni esclavina ni veneras ni morral ni sombrero de ala ancha. Claro que la calabaza para almacenar agua -más bien, vino- con tanto camarero sirviendo, no se hizo necesaria y brillaba por su ausencia. A horas de madrugada, los foráneos ya habíamos mejorado también la color de las mejillas.
Adiós a Fernando Fernán Gómez.
Ayer por la tarde la ventana de Nierga estaba abierta y de ella salía la infinita prolongación de unos arpegios. La voz de Antonio Molina, "eco grandioso de campana / con timbres de cristal y porcelana", lanzaba al aire de las ondas su quejío de querer ser mataor. Gemma interrumpió lo que apenas era ya un hilo de los sonidos del acorde y nos dio la noticia del reciente fallecimiento de Fernando Fernán Gómez. Jaume Figueres se apresuró a bautizarlo como el Matador de nuestro cine, pues a la casualidad de la copla sumaba la análoga valía con el gran Vittorio Gassman, il Matatore del cine italiano. Jaime Urrutia, ayer huérfano de Ariel Roth, exponía su temor de que hoy para muchos, en especial para los veinteañeros, Fernando Fernán Gómez fuese simplemente aquel viejo cascarrabias del ¡a la mierda, hombre!
Esta mañana he comentado el hecho luctuoso a mis alumnos de bachillerato de primera hora. No son aún veinteañeros, pero a alguno se le ha oído imitar las vaticinadas pestes antes de que me diese tiempo a hablarles del intérprete, del guionista, del director, del autor teatral, del novelista, del articulista...; antes de que me diese tiempo a hablarles de goyas, osos, o académicas letras bes; y antes de acertar a decirles que yo -que me gano y paso la vida hablando del Siglo de Oro, de lazarillos, guzmanes y buscones- descubrí la picaresca a los nueve años viendo en la tele en blanco y negro a este hombre de la cultura que ahora se nos ha ido.
Cazadores de dragones.

No es clase extinta la de los cazadores de dragones, lo sé con más seguridad que un gallego sabe de meigas: ¿"no creo en ellas, pero haberlas, haylas" ? Yo sí creo en ellos -en los dragones y en los cazadores, digo-, aunque no recordaba que tenía uno tan bueno en casa. Y es que más simple fuese decir: puede y haberlos, haylos.
29 de noviembre: tal día como hoy...
... se fundó el Futbol Club Barcelona.
Vale que no sea una fecha redonda como lo fuera un quincuagésimo aniversario o un centenario; pero fue, hace 108 años, tal día como hoy, en un gimnasio llamado Solé. Además, ¡ya está bien que a estas alturas de la bitácora apenas se me hayan notado los colores! El Barça ya está clasificado para la siguiente fase de la Champions; el Madrí, no -ayer perdió-; el sábado se juega, con mis narices pegadas a la pantalla del televisor, el derbi catalán...
En fin, aquest any sí, que mai ningú no ens podrà tòrcer.



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