Se muestran los artículos pertenecientes a Julio de 2007.

Resumen

Historia + La foto salió movida, de Julio Cortázar.

Un cronopio pequeñito buscaba la llave de la puerta de la calle en la mesa de luz, la mesa de luz en el dormitorio, el dormitorio en la casa, la casa en la calle.

Aquí se detenía el cronopio, pues para salir a la calle precisaba la llave de la puerta.

No sé si el mismo cronopio, pero

Un cronopio va a abrir la puerta de calle, y al meter la mano en el bolsillo para sacar la llave lo que saca es una caja de fósforos, entonces este cronopio se aflige mucho y empieza a pensar que si en vez de la llave encuentra los fósforos, sería horrible que el mundo se hubiera desplazado de golpe, y a lo mejor si los fósforos están donde la llave, puede suceder que encuentre la billetera llena de fósforos, y la azucarera llena de dinero, y el piano lleno de azúcar, y la guía del teléfono llena de música, y el ropero lleno de abonados, y la cama llena de trajes, y los floreros llenos de sábanas, y los tranvías llenos de rosas, y los campos llenos de tranvías. Así es que este cronopio se aflige horriblemente y corre a mirarse al espejo, pero como el espejo esta algo ladeado lo que ve es el paragüero del zaguán, y sus presunciones se confirman y estalla en sollozos, cae de rodillas y junta sus manecitas no sabe para qué. Los famas vecinos acuden a consolarlo, y también las esperanzas, pero pasan horas antes de que el cronopio salga de su desesperación y acepte una taza de té, que mira y examina mucho antes de beber, no vaya a pasar que en vez de una taza de té sea un hormiguero o un libro de Samuel Smiles.

Mi cronopito, no te me pierdas: la esperanza es como el sol, que arroja todas las sombras detrás de nosotros (Smiles dixit).

01/07/2007 01:27 Autor: Juanjo. #. Tema: LiTErATURA Hay 2 comentarios.

Jaleo en el salón de baile.

Hacía mucho que no ponía en el cedé a los Sweet. Me traen el sonido de mi despertar al verano adolescente. Todo un boludo, que dirían los uruguayos... Pero, como fue un despertar de rincón manchueleño: ¡chorra de guacho!

01/07/2007 01:51 Autor: Juanjo. #. Tema: mÚSICA No hay comentarios. Comentar.

¿La Tebaldi o la Callas?

Siendo estudiante universitario, hube de compaginar mis estudios con diversos trabajos; es lo que da proceder de familia obrera, a mucha honra.

En cierta ocasión, mientras aguardaba en un taller a que ultimasen la confección de unas piezas de muestrario, mantuve con el gerente una variopinta conversación. Acabamos hablando de ópera. El hombre era, de antiguo, abonado al Liceo y conocía mil y una historias y anécdotas del Gran Teatre.  Ni que decir tiene que a unas mil ha ido dándoles puerta mi desmemoria; sin embargo, recuerdo perfectamente el entusiasmo con que el buen hombre me describía la rendida filiación que el público barcelonés sentía por la Tebaldi (aunque Victoria de los Ángeles gozó también siempre de su favor), allá por la década de los 50, justo en esos años en que el resto de públicos operísticos empezaban a rendir culto a la Callas.

Y llegó la Callas a Barcelona e interpretó su (y tan su) 'Norma', de Bellini. Y el Liceu, como poco antes el Metropolitan, hubo de rendirse a quien era, sin duda y por antonomasia, la sacerdotisa; a quien era dueña del bel canto y, por ende, del 'Casta Diva'.

La polémica, claro, arraigó desde entonces también en el Liceu: los partidarios de la que, para muchos, ha sido la última gran diva de la Ópera, poseedora de un increíble legato, frente a los partidarios de la mejor belcantista, de la prima donna assolutta. Y pudo oírse comentar durante las esperas, los entreactos, las salidas y los días sin función cualquier famoso dardo cínico que la una dedicase a la otra y viceversa. Verbigracia: la Callas llegó a decir en cierta ocasión que la diferencia entre su voz y la de la Tebaldi era la que va del champaña a la Coca-cola; la Tebaldi, que no solía empezar polémicas, mucho más elegante, recordaba entonces cómo el champaña se vuelve fácilmente agrio.

En fin, no falta quien dice que la enemistad entre ambas sopranos, auténticas reinas de la ópera italiana, tenía mucho de publicitario. Después de todo sus repertorios coincidían poco y, en los aspectos básicos -creo yo-, poca duda cabe: Maria Callas era mejor actriz y capaz de dotar a su técnica belcantista de los matices dramáticos necesarios (iracundia, ternura, tristeza...); Renata Tebaldi era dueña de una figura y una voz más bellas. Todo más dinámico en una, pues. Más estático en la otra.

Al gran Mario Del Monaco, cuando en una de sus últimas entrevistas le preguntaron cuáles habían sido las más grandes sopranos con las que había cantado, contestó, sin lugar a dudas, que Maria Callas y Renata Tebaldi (y sobre esta última confesó que, al cantar dúos con ella, se distraía y a veces se olvidaba de su propia parte por escuchar esa voz).

Perdonadme. He empezado confesando un viejo recuerdo y llevo escrita ya demasiada teoría. Juzgad vosotros mismos.

A ver qué sacerdotisa nos encontramos Nuri y yo en el Liceu a finales de mes. Aunque las versiones que aquí aparecen son de 'Un bel di vedremo', de la 'Madame Butterfly', de Puccini, con las que ambas sopranos triunfaron en el Liceu.

VERSIÓN DE RENATA TEBALDI:

VERSIÓN DE MARIA CALLAS:

02/07/2007 02:05 Autor: Juanjo. #. Tema: mÚSICA Hay 1 comentario.

Noche ampurdanesa.

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Estío. Noche serena, de casi plenilunio. Una mesa compartida: Marta G., Marta R., Albert, Forti, Ramon, Pep y el menda (si me sacudo la modestia y sumo: siete magníficos). Y Martí, que cuidaba de nosotros en su Restaurante-Brasería como restaurador y como amigo. Fue una agradabilísima velada de tertulia en que la charla daba paso a la risa y vuelta a empezar.

 

No estaban todos los que son; pero, como bien dice el retruécano, eran todos los que estaban. Y al resto se les trajo a la conversación. Y, mientras las estrellas titilaban, nos los llevamos por el camino largo a La Luna.

29/07/2007 02:55 Autor: Juanjo. #. Tema: aMIGOS Hay 3 comentarios.

El fin o los medios.

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Durante mi penúltimo asalto lector a Mi oído en su corazón, de Hanif Kureishi (gracias por descubrírmelo más allá del séptimo arte, Play), leí un fragmento en que el autor cita cierto pasaje de la Autobiografía de J.S.Mill:

Supón que todos tus objetivos en la vida se realizasen [...] ¿Sería esto una gran alegría y felicidad para ti? Y un inconsciente irreprimible respondió con toda claridad: '¡No!' Ante esto, me hundí anímicamente: el fundamento completo sobre el que había construido mi vida se derrumbó. Toda mi felicidad la había encontrado en la búsqueda constante de ese fin. El fin había dejado de atraer, y ¿cómo podría volver a haber de nuevo interés por los medios?

Al hilo de lo leído, escribí en la hoja en blanco del final de edición algo con lo que ahora me propongo daros el tostón.

Se busca el sentido de la vida. No se encuentra. Se admite el fracaso o se plantea la posibilidad de que buscar el sentido a la vida pueda ser el sentido mismo de la vida. No es universal ontología, claro; tan sólo un camino individual.

Ni siquiera. Apenas un jugueteo del intelecto, entretenimiento o ingenio de una mente ociosa. Lo cierto es que no hay un sentido de la vida. Se vive y, en los aconteceres del vivir, en las sensaciones que nos despiertan, encontramos los pequeños, imperceptibles, múltiples, sentidos de la vida. Por supuesto, la mayoría de experiencias, anodinas, consuetudinarias, mecánicas incluso, resultan estériles; pero unas pocas nutren el espíritu -alguna lo colma-, y es el cúmulo de éstas el que hace prescindible buscarle un sentido a la vida. La acumulación no es tampoco 'per se', el sentido de la vida, ¡ojo!; únicamente nos ahorra la angustia vital que obliga a su búsqueda.

Pero volvamos al presupuesto inicial. Es notoriamente común la creencia de que nada pasa porque sí; que cuanto sucede, sucede por algún motivo, como si un arcano sentido de la vida fuese la consoladora batuta que dirige los instrumentos de la sinfonía vital. No obstante, a poco que analicemos este determinismo, este imperio de los designios, observaremos cómo su esencia es tautológica, es decir, cada cosa ocurre precisamente porque tiene un sentido. ¿A qué buscarlo?, pues. Tiene que suceder y listos. No obstante, con suerte, ese sentido se revela en una futura experiencia satisfactoria, la cual, a su vez, cobra sentido iinecesario en su supuesta causa. Pero, en última instancia, ¿no es esta actitud una sutil forma de conformismo? Más aún, ¿no llega a ser una venda con que taparse los ojos? Aquí, la creencia en el sentido de la vida es un acto de fe y en el transcurso de ésta se encuentran los indicios.

En el extremo opuesto, se halla aquél para quien todo ocurre porque sí, como podría no haber ocurrido; aquél para quien ese determinismo del que acabo de hablar no es sino una huida fácil del absurdo, un esquema simple -todo esquema supone orden- con que  enmascarar lo caótico de la experiencia vital: el caos, lo desconocido, el sinsentido infunden siempre temor. Claro está que no todo el que defiende esta postura ha de hallarse necesariamente inmerso en la duda existencial. La suya puede ser una existencia gratificante, satisfactoria, feliz incluso, por obra del azar. Si no se siente así, si la adjetivación pertinente es de signo contrario y hay quien vive una existencia frustrante, insatisfactoria, infeliz por obra del infortunio, acaso se ponga a buscar el sentido de la vida y no lo encuentre y se plantee entonces si la búsqueda del sentido de la vida es 'per se', un posible sentido de la vida.

No obstante, tan sólo se tratará de ingeniería mental. Y si es como la aquí vertida, además, barata.

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30/07/2007 15:16 Autor: Juanjo. #. Tema: pENSANDO Hay 4 comentarios.


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