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A ContraLuz

Adiós a Fernando Fernán Gómez.

Ayer por la tarde la ventana de Nierga estaba abierta y de ella salía la infinita prolongación de unos arpegios. La voz de Antonio Molina, "eco grandioso de campana / con timbres de cristal y porcelana", lanzaba al aire de las ondas su quejío de querer ser mataor. Gemma interrumpió lo que apenas era ya un hilo de los sonidos del acorde y nos dio la noticia del reciente fallecimiento de Fernando Fernán Gómez. Jaume Figueres se apresuró a bautizarlo como el Matador de nuestro cine, pues a la casualidad de la copla sumaba la análoga valía con el gran Vittorio Gassman, il Matatore del cine italiano. Jaime Urrutia, ayer huérfano de Ariel Roth, exponía su temor de que hoy para muchos, en especial para los veinteañeros, Fernando Fernán Gómez fuese simplemente aquel viejo cascarrabias del ¡a la mierda, hombre!

Esta mañana he comentado el hecho luctuoso a mis alumnos de bachillerato de primera hora. No son aún veinteañeros, pero a alguno se le ha oído imitar las vaticinadas pestes antes de que me diese tiempo a hablarles del intérprete, del guionista, del director, del autor teatral, del novelista, del articulista...; antes de que me diese tiempo a hablarles de goyas, osos, o académicas letras bes; y antes de acertar a decirles que yo -que me gano y paso la vida hablando del Siglo de Oro, de lazarillos, guzmanes y buscones- descubrí la picaresca a los nueve años viendo en la tele en blanco y negro a este hombre de la cultura que ahora se nos ha ido.

Zapatones.

Zapatones.

Llegados a Santiago, a Zapatones se le ve al tiempo que a la catedral compostelana. Deambula incansable este sempiterno peregrino -el peregrino, por antonomasia-  transitando las calles del casco antiguo.

Lo más habitual, por supuesto, es encontrarse con Zapatones en la Plaza del Obradoiro, "su casa", como él mismo dice justo antes de explicar que el propio Rey Don Juan Carlos I le dijera una vez que tenía "la sala de estar más bonita de España". Sin embargo, nosotros dimos con él, la primera de las tantas veces, no en el exterior de la plaza sino en el interior del Hostal dos Reis Católicos, donde nos hospedábamos. Tampoco es de extrañar, por dos razones. En primer lugar, la ubicación: este Parador Nacional -antaño, Hospital Real para albergar peregrinos- forma, con la catedral, un hermoso ángulo arquitectónico; es decir, pese a que Zapatones no era cliente, seguro que se sentía en "su casa". En segundo lugar, este entrañable personaje -algo más Sancho que Quijote, a buen seguro- los más de sus pasos en el caminar por el casco antiguo los da sobre el empedrado de la Rúa do Franco, calle de los vinos por excelencia. Durante el fin de semana pasado, tuvo lugar en el Parador un certamen de moda y justo aquella tarde en que nosotros llegamos, en uno de los cuatro claustros que se encuentran en su interior, se ofrecía un refrigerio. Por entre las guapas modelos, los camareros traían y llevaban canapés, pastitas, cava y vino. En fin, que Zapatones allí estaba. Porque Zapatones da entidad compostelana a un evento y esa tarde la Entidad daba a Zapatones el vino del evento... , sin desmerecer a las esbeltas modelos, que, después de todo, lo acapararon -o fueron por él acaparadas, no sé-, salvo en el momento de raptarlo para la foto.

¡Y qué guapos estamos: Joan Pere, Zapatones, Javi y un servidor! Y ese mofletero colorcillo sonrosado del amigo... Si es que... ¡Que no falte de na! -como decían por doquier los camareros almerienses de este verano-, ni bordón ni esclavina ni veneras ni morral ni sombrero de ala ancha. Claro que la calabaza para almacenar agua -más bien, vino- con tanto camarero sirviendo, no se hizo necesaria y brillaba por su ausencia. A horas de madrugada, los foráneos ya habíamos mejorado también la color de las mejillas.

Adivinanza fotográfica.

Adivinanza fotográfica.

¿Quién se atreve a decir dónde tomé esta foto el sábado?

De fútbol y de antropónimos.

La otra noche disfrutaba yo como un gorrino -perdón: como un cerdo, que ya uno va teniendo una edad- mientras veía lo que el anodino cliché del periodismo deportivo seguramente habrá definido como el severo correctivo que el equipo hispalense infligió al provisional líder de la 1ª división de fútbol. Hacia el final del encuentro, un telespectador advirtió al locutor que el nombre del portero del Sevilla Palop es Andrés y no Andreu, maguer sea éste valenciano y se exprese en lengua vernácula. Ignoro si la partida de bautismo y el registro civil cuadran con uno u otro nombre; pero seguro que el telespectador retenía en su memoria reciente el último programa de Tengo una pregunta para usted. El telespectador y el locutor, por supuesto, quien en los pocos minutos que restaban para la conclusión del partido pasó a aludir al guardameta con su solo primer apellido, rehuyendo así -según él mismo reconoció- la posibilidad de suscitar cualquier polémica.

Y es que andan las aguas ideológicas revueltas y me temo quién sea el pescador político de las ganancias.

Tardaremos en olvidar a la terca señora pucelana que, tras documentarse debida y rigurosamente nada menos que en Internet, con vehemencia se obstinaba en llamar Pérez a Carod, incluso a pesar de éste. Y claro, creó escuela, que, en días posteriores, más de uno y más de dos continuaron empecinados con el Pérez de marras en columnas y tertulias.

Tardaremos también en olvidar a aquel otro -no sé si de Pucela o de Marte- cuya tozudez fue la de traducir, quieras o no, Josep Lluís a José Luis, arguyendo -si tal fuese argumento- que yo no sé catalán. Imagino yo a este señor, por mera probabilidad estadística, aficionado al fútbol y, no siendo persona periférica, por ende, aficionado a la selección española. Me cuesta trabajo creer que al hablar de los seleccionados, junto a los Raúl o Joaquín, se refiera el buen señor a Xavi como Javi, pese a no saber catalán. Por aquí no se nos ocurrirá nunca decir Joaquim, mucho menos Sergi Rams o Andreu Ginesta; pero claro, aquí sabemos hablar castellano además. En fin, ahora que pienso, algunas veleidades sí se dan. Debo reconocer que siento algo de vergüenza ajena cuando Josep Maria Pujal hace resbalar de su boca, ese que ese, algunos "Gonsales" venidos de ultramar -en el último partido, Mark González, jugador bético, por ejemplo-. Pero claro, aquí las razones del desatino son otras: el ínclito purista Pujal, cubre minutos y minutos de retransmisión futbolística con disquisiciones fonéticas acerca de la correcta pronunciación de RijKaard, Krkic, Gudjohnsen o Gaúcho, que no Gaucho -por supuesto, ¡con la rivalidad que hay entre brasileños y argentinos, sólo faltaba que no hiciéramos del diptongo hiato portugués y que al riograndense lo convirtiésemos poco menos que en pampa!-. Qué menos, pues, que adecuar también un González o lo que se tercie al dejo sudamericano.

Hay que tener las cosas un pelín claras, caramba, que tampoco cuesta tanto. Seguro que la vallisoletana de pro acude -como fantaseaba teorizando Boris Izaguirre- con periódica fidelidad a su peluquero Michel, a quien no llamará Miguel, por parecerle más arrabalero. Las famosas pastillas a que me refería yo hace nada en otro artículo lo han sido siempre del doctor Andreu y no del doctor Andrés. Y que yo recuerde, durante tanto tiempo de mandato, el President de la Generalitat nunca fue Colina o Mogote; ni Pujol -así, sonando estridente la jota-; ni siquiera Jorge.

Recuerdo a mis padres y a otros adultos de mi infancia y juventud alegrarse de que el protagonista del wéstern de la sobremesa del sábado fuese Yon Güaine: claro, no sabían inglés. Pero tampoco exclamaban Juan Güaine. Seamos consecuentes; los nombres propios sirven para designar inequívocamente a un individuo de entre el resto de los de su misma especie -lo saben hasta los esitos de 1º-. No los traduzcamos, pues; al menos, no a la ligera. Si Vidal-Cuadras se siente tan cómodo siendo Aleix como Alejo, pues bien; pero otra cosa es ya venir a joder la marrana.

Distinto al de los antropónimos es el caso de los topónimos. En adelante, seguiremos yéndonos a Londres y no a London, a Nueva York y no a New York. Ahora bien, será del todo imposible que, una vez allí, acudamos a un concierto de Jorge Miguel o de Marcos Antonio, por muy londinense que sea el uno y muy neoyorquino que sea el otro. Así nombrados, el autor de Faith y el de Mended más parecen actores de telenovela que cantantes pop.

Con razón hay en España quienes nos llaman polacos: ¡les quedamos tan lejos..! Al menos, yo a ellos sí que los siento lejos. Y náuseas, cuando leo algo como lo que David-Gistau escribió sobre Carod en El Mundo:

Fue oír José Luis y a punto estuvo la cabeza de empezar a darle vueltas sobre los hombros como si se tratara de la niña de El exorcista escupiendo puré de guisante: Mira lo que ha dicho la guarra de esta española.

Conste que nunca he votado ERC.

Nobel de literatura 2007.

Lo que hoy día es la Guardia Civil fue en tiempo la Santa Hermandad, esto es, una institución cuyos miembros tenían por misión atender a los delitos que se cometían fuera de ciudades y pueblos. No son figuras del todo desconocidas, pues podemos verlos cruzar de vez en cuando, por ejemplo, las páginas de El Ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha. El caso es que estos cuadrilleros fueron ganándose a pulso la fama de no llegar a tiempo para capturar a los malhechores, cuyos delitos quedaban así impunes. Y como quiera que el uniforme que vestían era de coleto con mangas verdes, de ahí se dio el ¡A buena hora, mangas verdes!

Y así yo, tras semejante introito prescindible, llego tarde también a escribir cuatro cosillas acerca del -no sé si atreverme a decir recién otorgado- Premio Nobel de Literatura 2007. En fin, ahí va mi ¡A buena hora, mangas verdes! Y conste que llego tarde no tanto por la demora que causa el primer párrafo sino porque lo que aquí sigue dormía su olvido, con fecha 13 de octubre, en un borrador de esta bitácora.

 

A sus casi 90 años, la escritora británica Doris Lessing ha sido distinguida con el Premio Nobel de Literatura. El fallo de la Academia Sueca parece ser que ha sido en parte sorprendente, pues la autora de El cuaderno dorado no figuraba entre los favoritos finales.

¿Y a santo de qué no?, me pregunto yo. Cierto es que no hay que desmerecer la valía de otros ilustres candidatos como Claudio Magris o Philip Roth; pero Doris Lessing se me antoja justa merecedora del premio. Puestos a sorprenderse, sorprendámonos de que Cees Nooteboom o Milan Kundera, sempiternos candidatos, todavía no lo tengan en su haber. Más aún, sorprendámonos de que en su día lo recibiese, por ejemplo José Echegaray -¡ay!, que si llego a escribir esto ayer...[las mangas verdes ayudan a entender que ese ayer era el Día de la Hispanidad]- Por otro lado, con los Nobel, sucede un poco lo que con los Oscar: así como Bergman, Chaplin, Kubrick, Hitchcock o Fellini nunca recibieron una estatuilla del dorado tío, tampoco Ibsen, Borges, Proust, Kafka, Brecht o Tolstoi fueron nunca premios Nobel.

En fin, que a la Lessing la veremos más que a otros en el próximo -aunque aún lejano- Sant Jordi. Pero tampoco tanto como a algunos mediáticos, me temo.

Pues eso, en fin.

Tibidabo.

Tibidabo.

En la cota más elevada de la Sierra de Collserola, a medio kilómetro de altura sobre el nivel del mar que acaricia el horizonte de la ciudad, la vastedad de Barcelona sorprende y turba, casi extasía. Y con tal embeleso no cuesta comprender los motivos que tuvieron los jerónimos para recoger, de Lucas o de Mateo, las palabras con que el diablo inicia su tercera tentación a Cristo:

et dixit illi haec tibi omnia dabo .

No pudo Jesús estar contemplando mayor maravilla en los Reinos de la Tierra.

Pero poco importan a la tarde del viernes cuestiones toponímicas, menos aún bíblicas. Importa, sí, que la ciudad decidiese, hace más o menos un siglo, ofrecer a los días de festivo familiares un lugar en que divertirse amablemente. E importa, claro, que lo siga ofreciendo hoy día. Junto a vetustas atracciones seculares, que sin embargo aún atraen -el avión, el aéreo, la atalaya, los autómatas-, otras decididamente contemporáneas provocan el vértigo, la emoción, la risa, el miedo incluso; a los niños, más que a nadie, que para eso saben vivir la vida sin más.

Nunca probé sus pastillas, pero: gracias, doctor Andreu.

Mirando al mar.

Y con el pensamiento yendo de Àngels a Josep, camino del regreso, al cruzar en la hoja del mapa los Pirineos, me llega Jorge Sepúlveda.

Y sí, me gusta. ¿Pasa algo?

En el parque.

En el parque.

Inmanuel Kant escribió

Dormía y soñaba que la vida era bella; desperté y advertí que la vida era deber.

Y en el deber con los hijos, digo yo, advertimos gozosamente que la vida es bella, aunque a menudo te quiten el sueño.

No sé si nuestra vida aumenta o no cuando conseguimos llevarla a la memoria de los demás -algo así decía Montesquieu-; lo que deseamos, cuando de los nuestros se trata, es que, al hacerlo, sea la suya la que aumente.

El mar.

Tan sencillamente hermoso es.

En los versos de Alberti o la voz de Trenet.

Sencillamente.

Más allá del mar, el mar (beyond the sea, la mer).

Más allá de Darin, Trenet, clarostá; aunque sin desmerecer.

Gramática parda.

No se me asusten, que estas líneas no pretenden ser un ensayo paremiológico, por mucho que la expresión que da título a este artículo sea paremia habitual en el acervo del castellano peninsular.

El DRAE define la expresión coloquial como la habilidad para conducirse en la vida y para salir a salvo o con ventaja de situaciones comprometidas. Es decir, la gramática parda no se aprende en la escuela, sino en la calle: tretas, ardides, mañas...

  

Lo de 'gramática' le viene a la expresión del valor metonímico con que éste vocablo significa 'estudios'. Lo de 'parda' tiene más enjundia. La primera orientación al respecto la encontramos ya en el Tesoro de la Lengua Castellana o Española, de Sebastián de Covarrubias:

PARDO. Color, que es el propio que la oveja o el carnero tiene, y le labran y adereçan, haziendo paños dél sin teñirle. [...] El vestido pardo es de gente humilde, y el más basto se llama pardillo.

De hecho, hoy el DRAE trae como primera y última acepciones a 'pardal':

1. Se dice de la gente de las aldeas, por andar regularmente vestidas de pardo.

7. coloq. Hombre bellaco, astuto.

Y en la entrada 'pardillo', antes del dícese de la persona incauta, que se deja estafar fácilmente, que figura como segunda acepción, hay anotada la de aldeano, palurdo -que es adjetivo dicho por lo común de la gente del campo y de las aldeas para calificarlas de toscas o groseras.

Efectivamente, ya lo dice la sentencia: Hombre de capa negra, ciudadano; hombre de capa parda, labrador o trabajador. Y en la literatura de nuetros siglos de oro, las escenas en que estudiantes doctos imponen sus intereses o ridiculizan a lerdos rústicos son tan abundantes como aquellas otras en que rústicos camastrones esgrimen su gramática parda para dar una lección de vida a ilusos estudiantes.

Siempre me hizo gracia lo que, acerca de esta indocta ciencia, decía acertadamente Fernán Caballero -que, como se sabe no fue Fernán y menos aún caballero- . Según la escritora, la gramática parda posee tres reglas capitales: ver venir, dejarse ir y tenerse allá.

A mí nunca se me dio bien eso de verlas venir; siempre todas me han embestido frontalmente. Sí que a veces me dejo ir; pero las más, me tengo allá. Acaso por ello la mía, más que gramática parda, sea la gramática del pardillo.

Felicidades, mami.

Felicidades, mami.

Mi mamá me mima mucho no es sólo una expresión con la que practicar la escritura pueril a fin de lograr un trazo firme en la caligrafía. Mi mamá me ha mimado mucho y me mima aún en plena madurez a nada que la deje. Los padres son la primera suerte que reparte la vida al nacer. La mía fue muy buena, sin duda.

Mama, que cumplas muchos más, llevándonos siempre dentro, como te llevamos a ti quienes hoy hemos comido sentados a tu mesa tanto como quienes no han podido hacerlo.

Garota de Ipanema.

Ésta es Heloísa Eneida Menezes Paes Pinto, Helô Pinheiro, la chica de Ipanema que a sus 18 años, bajando por la calle Montenegro, en el distinguido barrio de Ipanema, cada día pasaba camino a la playa por el popular bar-café Veloso. A su paso, la guapa muchacha iba atrayendo la atención de los concurrentes, entre ellos Antonio Carlos Jobim y Vinicius de Moraes, autores de la música y la letra respectivamente. Era entonces o paradigma do bruto carioca; a moça dourada, misto de flor e sereia, cheia de luz e de graça mas cuja a visão é também triste, pois carrega consigo, a caminho do mar, o sentimento da que passa, da beleza que não é só nossa — é um dom da vida em seu lindo e melancólico fluir e refluir constante. Era entonces la menina que passa, como rezaba el título original que había de llevar la canción.

No sé hasta qué punto puede ser cierto que este tema sea, tras el Yesterday de los Beatles, el más popular del s.XX; pero, sin duda el dato dice mucho en favor de esta melodía.

Tengo recopiladas, en tres carpetas distintas, unas 60 versiones de las más de 500 que existen de este clásico de la bossa nova. De las versiones más clásicas de Vinicius, Jobim, Caetano, Ellis Regina o los Gilberto a las más jazzísticas de Ella Fitzgerald o Diana Krall; de las más rítmicas de Nawja Nimri o, incluso, Jarabe de Palo a las más extrañas de Pizzicato Five, Peggy Lee o Big mountain. Todo un repertorio de ritmos y estilos diversos.

Y he seleccionado, claro, 20 interpretaciones con las que me he grabado un cedé para regalarme los oídos de vez en cuando. Cada cual tendrá sus preferencias; yo la mía la tengo clara. No sé por qué dirán las gentes que sobre gustos (en fin, las gentes, a menudo dicen *contra gustos) no hay nada escrito. Yo diría que sí lo hay. Y mucho. Pero por si acaso, hay va el mío en imagen y sonido, sin negro sobre blanco (o, por mejor decir, sin verde oscuro sobre verde claro).

NOTA: Es, como apuntaba arriba, mi versión predilecta, pero el que eligió la imagen, que se lo haga mirar.

Alternativa a los radares.

El otro día il mio caro amico Lucio me recordaba, al renegar, las inminentes modificaciones punitivas que se prevén en el código de circulación, para las cuales, la DGT está ya preparándose. Efectivamente, a partir de este otoño los excesos de velocidad grandes pasarán a ser un delito, que podrá ser castigado con privación del derecho de conducir entre 1 y 4 años y prisión de 3 a 6 meses. Todo esto sin olvidar las sanciones económicas y merma de puntos. Por ejemplo, pasar de 200 Km/h en autopista acarreará estas consecuencias. Si es la primera condena y es inferior a 2 años, no se pisa la cárcel, pero a la segunda, sí.

Hoy -lo que son las cosas- buscando con Biel imágenes de señales de tráfico para sus deberes de Educación Vial, hemos dado de narices -fuera mejor decir 'de ojos'- con ésta:

Y claro, uno curiosea luego y averigua que el lugar destacado que esta imagen ocupa en la lista del buscador tiene un sentido claro. La imagen pertenece a una campaña danesa de prevención de accidentes, una campaña, por lo demás, oficial. La reflexión que en seguida me viene es obvia: ¿no los provocarán, más bien?

Por si os apetece, aquí tenéis un vídeo con la noticia, qué vete tú a saber de cuándo es. Por cierto, fíjaos en cómo la rubia ha de gesticular en exceso para que el conductor se dé cuenta de que, en cuanto a redondeces, la que debiera observar es la de la señal de tráfico. He aquí, seguramente, la razón de por qué son sólo ellas y no ellos también quienes van en bolas: las nuestras -redondeces, digo- son de más difícil enfoque visual, esto es, provocarían mayor distracción aún en la mujer al volante.

Segundo 'por cierto' y os dejo: ¿a que a uno le da la impresión de que en cualquier momento entrará en escena Jose Luis López Vázquez?.. O Alfredo Landa o Andrés Pajares o Fernando Esteso o el 'jaimitín' ese italiano, que no sé cómo se llama, o...

Amigotes, o sea los de toda la vida.

Amigotes, o sea los de toda la vida.

¡Y cómo se les quiere!, aunque la vida y sus cosas te dejen a distancia demasiado a menudo -a alguno más que a otros, en tercera acepción-. Sin embargo, no hay distancia quilométrica que valga. Aun cuando alguno esté en la frontera sur de Catalunya o en tierras charras, todos se encuentran apenas a un latido del corazón. ¡Joder, que son muchas ya las hojas del calendario que hemos visto pasar desde los tiempos del instituto!

Somos cuarentones. Somos, según sentir esencial de la sociedad, chupópteros del Estado: todos funcionarios -de Educación, de Justicia o de las Fuerzas del Orden-, excepto dos, que alguien siempre tiene que haber que dé y no coja. Somos, a los que nos gusta el fútbol, culés hasta la medula... Somos, lejos de cuestiones epidérmicas, grandes amigos. Y en buena parte, ya en el mediodía de la vida, somos lo que somos porque llevamos la mitad de ella precisamente siendo grandes amigos.

Y lo seguiremos siendo hasta que, pasadas otras tantas o más hojas del calendario, alguien venga a llorar o a bailar sobre nuestras tumbas -en fin, a mí me habrán de incinerar; pero no es más que un dicho-.

Cromarty Fisher.

Cromarty Fisher.

Bobby y Gordon Hogg, de 87 y 80 años respectivamente, son son los últimos hablantes del dialecto Cromarty Fisher, nacido en la Isla Negra, al norte de Inverless, en Escocia, allá por el siglo XVII.

Al parecer, los pescadores de la isla tomaron de los soldados ingleses que estuvieron destacados en esa región palabras que se han mantenido en el habla de Cromarty y que el inglés moderno sólo emplea ya en poesía u oraciones religiosas, tales como thee ’os’, thou ’vos’ y thine ’vuestro’; pero también alterando la pronunciación, al sustituir por ejemplo erring por herring o hears por ears. He aquí algún que otro ejemplo de la agonizante habla:

 

 CROMARTY FISHER

 INGLÉS

CASTELLANO 

 Thee’re no talkin’ licht You are quite right Tienes toda la razón
 Ut aboot a wee suppie for me? Can I have a drink too? ¿Yo también puedo beber?
 Thee nay’te big fiya sclaafert yet me boy You are not too big for a slap, my boy No eres lo bastante grande como para pegarme
 Pit oot thy fire til I light mine Please be quiet, and allow me to say something Tranquilízate y déjame decirte una cosa


Pues hala, lingüistas y antropólogos de pro, videocámara en ristre y a dejar testimonio postrero para futuras generaciones. Ya hay quien está grabando cuantas charlas fraternales les queden a los Hogg.

                                                              

 

 

 

 

(Soy lerdo con el inglés, de modo que perdóneseme la intromisión en el tema. Aunque, bien pensado, como a los escoceses lo inglés les trae sin cuidado...)

I Know.

No hubiese quedado mejor en otra situación, con otro decorado y saliendo de la boca en blanco y negro de Bogart (aunque echo de menos a la Bacall). Una mínima frase gramatical. Una gran frase cinematográfica.

Biel.

Biel.

Hay muchas razones superpuestas por las que mi hijo se llama Gabriel y lo llamamos Biel. En primer lugar, es eufónico (de no serlo, el resto hubiese dado igual). Gabriel, sobre todo por Gabo, por quien -de la mano de Salva, mi profe de literatura durante los años mozos del insti- me quedé definitivamente instalado en el amor al Arte cuyo instrumento es la palabra. Gabriel, porque es el arcángel que se aparece en sueños a Ruy Díaz y constituye la única referencia sobrenatural que se da en todo ese vasto y admirable poema que es la primera manifestación literaria conservada de la lengua castellana. Gabriel, porque, no siendo extraño, es poco frecuente. Y Biel, porque se me antoja más dulce que Gabri o Gabi. También porque es más catalán: sabido es que, para las formas hipocorísticas, el castellano prefiere la apócope, mientras que el catalán da preferencia a la aféresis.

No deja de tener cierta gracia que me gustase tanto el nombre de Biel, siendo como soy lingüista. Biel es un metaplasmo, es decir, hay en el origen de la palabra una incorrección de su forma léxica. Concretamente, se trata de una metátesis simple a distancia. Parece ser, aunque como hablante me cuesta creerlo, que hay una cierta comodidad en la realización fónica de Grabiel -por Gabriel- y de ella viene la forma abreviada Biel.

En fin, desde el punto de vista que ofrece el presente, después de nueve años: Biel -Gabriel- se llama así, porque no podía ser de otra manera. Porque Biel -Gabriel- es él.

Y lo quiero un montón. Y por eso hoy nos hemos ido a celebrar su santo con hamburguesas, con Doraemon y dinosaurios, con atracciones mecánicas y con monitos que cuelgan de palillos.

 

tEzTiMuMoL 

Canon.

El Sputnik de esta noche en el 33, soberbio, como de costumbre. El vídeo que cuelgo lo han emitido durante el programa y, maguer no estoy de acuerdo con lo que en él se canta, me ha hecho reír abiertamente. Si os gusta el tipejo, tiene página propia: http://robprocks.com/

Por cierto, qué estremecimiento ver la mano figuradamente de Keith arrugando la hoja con el borrador de "Satisfaction". Y qué gracia que la gente, un año después, pensase que la versión de Ottis era la original y la de los Stones, una versión.

5 añitos.

5 añitos.

tEzTiMuMoL 

 

¡¡¡ FELICIDADES, CLÀUDIA !!!

Mi preciosa princesita cumple hoy 5 añitos.

Merienda.

Merienda.

Las que evocan el pasado, aquellas que con su ternura de masa y aroma de horno despiertan pretéritas vivencias, son claramente magdalenas. El resto son ahora muffins (cosas del glamour sonoro que supone el flirteo con el inglés y el consiguiente desapego del acervo léxico del castellano).

¡Bah!, tonterías de lingüista; saben igual de bien, sobre todo si se toman en buena compañía y con granizado de café.