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A ContraLuz

Bienvenidos a la red.

Bienvenidos a la red.

 K wapos!!!

Our tourn.

El amor a los amigos se mide en el baremo de la empatía.

Mapa de bronce herido, hebras de sol lastimadas, sonrisa de amanecer difuminada.

Me siento bronce que grita, sol que se duele, sonrisa que llora.

(Es la empatía en un turno compartido. Your tourn. My tourn).

Singing in the rain.

Parece que aún no llueve, pese a tomases molinas y demás previsores meteorológicos. ¡Y qué más da! Seguro que falta poco y como hace nada el tal Juanpe recordaba parte de la letra de Gene Kelly, pues ahí va escrita y oral:

I'm singing in the rain
Just singin' in the rain
What a glorious feeling
I'm happy again
I'm laughing at clouds
So dark up above
The sun's in my heart
And I'm ready for love
Let the stormy clouds chase
Everyone from the place
Come on with the rain
I've a smile on my face
I walk down the lane
With a happy refrain
Singin', just singin' in the rain
dancing in the rain
ohh ia ohh ia ia
I'am happy again
I'am singing and dancing'in the rain
...
dancing and singin'in the rain

No dirán que no dan ganas...

Besos.

De esquimal, de mariposa, piquitos, secos, mojados, muy mojados...

¡Qué hermoso tocarse u oprimirse con un movimiento de labios, a impulso del amor o del deseo o en señal de amistad! Ni siquiera el diccionario con su rigor científico puede enfriar la acepción.

Con movimiento de labios, oprimámonos, no nos reprimamos -incluso los primates tienen por costumbre hacerlo-... Y nos sentiremos vivos.

(Su turno).

Prima Tristeza.

Lo siento, compi, no supe encontrar el vídeo para colgarlo.

Prima Tristeza,
tú que le enseñas las bragas a la vida,
no te olvidas de salir de mi cabeza.
Te desperezas y en mis venas
metes lágrimas de cera como puños,
para que al llorar me duela.
Te has quedado prendida
de un fleco de mi alma herida.
A lo mejor te estás muriendo como yo.


Con mi pena, Tristeza se hace una trenza
y después la pasea por cada mirada;
al despertar, me camela;
si descanso, no descansa de darme la vara:
ojalá se muriera mañana.

Prima Tristeza, ¿dónde estás?
Busco en el fondo de los vasos
y te encuentro cuando nadie me hace caso;
vienes conmigo si me voy;
mueres por mi cuando no estoy;
me quedo en cueros con todo lo que te doy;
me sale una sonrisa;
resurjo a pasito de hormiga.
A lo mejor te estás muriendo como yo,

Con mi pena, Tristeza se hace una trenza
y después la pasea por cada mirada;
al despertar, me camela;
si descanso, no descansa de darme la vara:
ojalá se muriera...
...mañana, más sola que el aire,
tirada en la cama; mañana,
tapada con sueño,
pintando a colores mi mundo pequeño.

Que tinguem sort.

Flaco, que Llach...

Muerte en el olvido, por Ángel González.

Inteligencia y Puntos de interés.

Sabido es que la noticia periodística tiene diversos puntos de interés que la hacen atractiva al lector. El de la actualidad es de obligado cumplimiento, claro, pero además suelen añadírsele otros como el interés humano, la proximidad, la fama, la extrañeza...

Mi capacidad de pasmo debe de ser insaciable, a buen seguro. Acabo de leer un breve emitido desde Washington por la agencia Reuters en el que puede leerse:

Los responsables de la inteligencia (sic) estadounidense que estudian el video [que] Osama Bin Laden [ha] dado a conocer la semana pasada dijeron el lunes que están desconcertados por su nueva barba negra. En las imágenes, su barba era negra y bien recortada, a diferencia de la barba irregular y grisácea de sus apariciones anteriores."No sabemos si está teñida y recortada, o si acaso es real, pero esa es una de las cosas que estamos revisando", dijo el Director Nacional de Inteligencia, Michael McConnell, durante una audiencia de una comisión del Senado.

A la vista salta que la noticia cumple con el requisito de "actualidad" y que posee un carácter de "continuidad" que marca su punto de interés. Ahora bien, no me digan que no le ven el de la extrañeza... Observen, si no, el complejo y certero comentario que el preclaro Director McConell agregó seguidamente:

"La última vez que apareció se veía muy diferente".

Por supuesto, no trato de desautorizar la valía de Reuters (aunque la redacción resulta infame), a fin de cuentas es una agencia de noticias, y cumple con su obligación de informar. Aquí de lo que se trata es del grado de inteligencia que demuestran esos inteligentes señores de la Inteligencia. ¡Cuán pagado de sí mismo no quedaría el señor McConell, ignorante de que sus palabras suenan a cuchufleta! Con todo, he de moderar mi grado de desconfianza; a buen seguro que de aquí a poco la TIA (qué me habrá venido a mí a la cabeza, perdón) la CIA sabrá resolver tan grande enigma y anunciará que la susodicha barba es un postizo y nos dirá precio, fabricante y fecha de caducidad. O no, acaso nos diga, por contra, que es natural, recortada y teñida: código de tonalidad, marca del tinte y longitud de las hojas de la tijera. Quizá incluso hayan barajado la posibilidad de que la barba tintada fuese la larga y grisácea de antaño, que nada se les escapa al escrutinio.

En fin, haga cada cual su propia disquisición. Ahí van las dos barbas, la de 2004 y la actual. Analicen, analicen con rigor y siéntanse ustedes Inteligencia por un día.

 

¿Y de los detergentes..., nos dirán algo? Sin duda, los ha cambiado; el de ropa blanca lava ahora más blanco y el otro le cuida mejor los colores.

Detalle fotográfico.

Detalle fotográfico.

No tengo ganas de escribir (si andando se demuestra el movimiento, mal ando), pero estaba intentando por enésima vez poner orden en la carpeta de fotos del ordenador y al ver ésta no he podido resistir la tentación de colgarla. Salgo desenfocado (total, pa lo que hay que ver...), pero no importa porque el auténtico valor de la foto (con permiso del sombrero chulo que Nuri me compró en San José) está en el gesto que cierta transeúnte oronda lleva a cabo justo detrás de mí, a la derecha de la imagen.

Adiós, verano (IV): Mónsul.

Adiós, verano (IV): Mónsul.

¿Quién, cinéfilo o no, no tiene en mente aquella mítica escena de "Indiana Jones y la última cruzada" en que el padre de Indy (interpretado por Sean Connery) logra abatir un avión alemán con el ardid, que las palabras de Carlomagno le inspiran, de levantar desde la arena de la playa el vuelo de una bandada de gaviotas? Pues bien, ésta es la playa en cuestión, la del Mónsul -en Almería-, con la famosa peña de la Peineta que marca su límite.

Allá que nos bañamos este verano, aunque ni gaviotas (se dice por ahí que en realidad eran palomas) ni aviones nazis ni papis con paraguas negro. Bañistas, sí, demasiados; la mayoría parapetados tras sombrillas multicolores: el paraíso desierto hecho abigarrado bullicio (cómo me gustan las sinestesias) de la mucha gente.

Adiós, verano (III): Mojácar.

Adiós, verano (III): Mojácar.

La foto en el mirador, me ha hecho recordar una que nos tomamos en las alturas parisinas de la torre Eiffel y que, allá por el mes de abril, Biel eligió para subirla a esta bitácora.

                             

Un pueblecito para el recuerdo: (perdóneseme el mal chiste cancionero, pero) Mojácar galopa y corta el viento. A lomos de su colina, se deja ver desde la distancia almeriense. Fea, muy fea al principio, desde tan lejos; pero te aproximas, asciendes, te instalas y desprende sobre ti el embrujo de su tarde y su noche estivales.

Adiós, verano (II).

Adiós, verano (II).

Cada año procuro pasar unos días por Iniesta (Cuenca) para ver a la familia. De ahí son todos sus miembros nucleares (yo, para bien y para mal, soy el primer periférico en ella). Uno de los momentos que seguro sé voy a vivir (a veces, repetidamente) es el de la comida familiar en torno a la paella que mi madre y/o mi tía Petra cocinan a la perfección. Es, sin duda, mi plato prefererido (no la paella, sino la paella de la Josefa o de la Petra, esa en la que siempre queda parte del arroz ligeramente pegadito al fondo). Todos (en fin, casi todos, que la familia va viendo crecer sus miembros y ya no se cabe) nos reunimos en redor de una única mesa cuya superficie ocupa en buena parte la paella. No sé que dirán al respecto los valencianos; nunca me queda claro si la tradición es ésta o no. Los que llegan a la comida con escaso apetito, intentan procurarse una silla junto a la de mi primo Felipe, la de mi primo J.Gaspar, la de mi tío, la de mi padre o la mía, de modo que en nuestro implacable, inexorable avance hacia el centro de la paella, cubramos su inapetencia.

En la foto, de derecha a izquierda, mi prima Paqui, mi tía Petra y mami (que son melgas) y Nuri. Al fondo, dos preciosas rubias: Nuria, hija de mis primos J.Gaspar y Vicenta y mi niña, Clàudia (siempre desafiando alturas).

Adiós, verano (I).

Adiós, verano (I).

Uno de los momentos más dulces que trajo el verano es también uno de los más lejanos ya en el tiempo (aunque queda por siempre en las inmediatas proximidades del corazón).

Julio era aún muy julio cuando lo prometido dejó de ser deuda. Jordi, y Marta y Bel con sus Sergi pasaron por Pals. Sol y agua, mucha agua: dulce en la ducha y en la piscina, y salada en el mar de los baños y de la inmersión. Y amigos, sobre todo, eso: amigos, la sal de la vida que, empero, la endulza. ¿Qué, si no? Necesitamos de los amigos como del agua.

Zuzeztimu.

Cartas de la monja portuguesa.

Cartas de la monja portuguesa.

Mi labor como profesor de literatura me obliga -gustosamente- a volver una y otra vez sobre lecturas ya realizadas. Amén de ello, pocas son las ocasiones en que retomo una obra ya leída -valga decir una narración, pues la poesía es, casi necesariamente, de lectura cíclica: qué distinto sabor puede tener un mismo poema un día de lluvia o uno soleado, en plena tarde o de madrugada-. A principios de verano, porque viajaban conmigo olvidadas en el maletero del coche y porque pedían poco tiempo, releí, nuevamente con fruición, las cinco Lettres portugaises.

Mucho menos hace -apenas un par de días- que leí, en el blog de mi querida amiga Bel, un artículo de Soledad Puértolas en que la autora abordaba en parte el tema del amor y el grado de pertinencia con que el escritor lo aborda. El artículo exponía que, incluso en las grandes novelas de amor -Madame Bovary, Anna Karenina, La Regenta- de lo que se trata en última instancia no es del amor, sino del personaje en sí y la manera en que éste lo vive, "a qué delirios le lleva y por qué".

Pues bien, en las Cartas portuguesas se halla el sufrimiento amoroso en su quintaesencia. Y sí, de lo que se trata en realidad, efectivamente es de cómo Mariana Alcoforado, la monja portuguesa, cumple su pena de amor por abandono en la cárcel de amor -doble prisión, intramuros-. Con todo, ¿importa que las cartas sean autobiográficas, como se creía hasta hace poco, o que se deban plausiblemente a la pluma de Guilleragues, secretario de Luis XIV? Si, como parece Guilleragues desveló la confidencia que el conde Chamilly le hiciera de sus amores con sor Mariana, imprimiéndoles entidad literaria, las epístolas siguen pudiéndose leer tal y como se han venido leyendo hasta hoy, como un auténtico breviario de amor.

El escritor, en sus obras, ofrece personajes, y los temas los vierte sobre él. Así tenemos a Mariana Alcoforado, empapadita de (des)amor, sufriendo su experiencia y excribiéndola o no.

Quien quiera quintaesencias sin más, que lea a los grandes filósofos. En ellos se encuentra más la idea y menos la carne. Pero, señora Puértolas, ellos tampoco son "expertos en el amor", aunque -como los escritores- le hayan dado muchas vueltas al asunto y se lancen a hablar de ello. Si por "experto" parece usted entender sabedor, entonces quizá sí lo sean; aunque el amor, como usted misma apunta, es "enigmático porque no depende de la razón". Ahora bien, si -como se debe- por experto entendemos quien tiene experiencia, ahí cabemos todos, sin excepción.

Adivinanza

Adivinanza

¿Quién reconoce a este par de dos? (Genial, la perogrullada iniestense).

Espléndida Norma.

Espléndida Norma.

A menudo, resulta bien que alguien (cuantos más, mejor) depaupere la calidad o el interés de una obra artística o de un espectáculo. Uno se espera entonces poco o nada y finalmente resulta que no estaba tan mal. Así sucedió con Shrek Tercero (no le pregunten a mis hijos, que éstas son razones adultas).

Lo sucedido en el cierre de temporada del Liceo con Norma, sin embargo, es distinto. Sí, que si Bellini es aburrido, que si hay que tragarse más de dos horas de insulsas notas y voces, total para gozar de una famosa aria, que si bla, bla, bla... Pero yo ya sabía de la obra y, además, la degusté tanto... Tanto, que dudo mucho de que la más mínima parte se debiese a las advertencias negativas.

Y con el Casta Diva, clarostá, lloré. Como una Magdalena (si gustan ustedes de los símiles antonomásicos desgastados por el uso). O como una costurera parisina en los días previos a decidir asomarse a algún puente del Sena (si gustan de alguno más rocambolesco).

Hubiese sido la hostia si, además, en el descanso hubiese decidido brindar con Nuri la copa de frío cava en el bar del vestíbulo (perdón, foyer) en vez de acudir al del tercer piso. Allí, con un poco de suerte hubiésemos coincidido con nuestros amigos Antonio y Carmen, quienes (lo he sabido después) asistieron igualmente complacidos a las voces del tenor, de la soprano (no me defraudó, acostumbrado como estoy a la Callas), de los coros y de la mezzo, sobre todo de la mezzo.

En fin, ya tengo el programa para la nueva temporada. A ver, a ver...

Adiós a Fco. Umbral

   Los buenos días de esta mañana al levantarme no han sido tales, pues ha venido a dármelos la noticia del fallecimiento de Paco Umbral.

No pretendo, en este improvisado adiós, trazar una semblanza ni una reseña en torno a la vida o la obra del escritor; ya hay, a buen seguro, quien, con más tiempo y mejor pulso, la haya escrito o la escriba. Hoy, ante la noticia, más de uno (y de cien) exclamará: "¡ah, aquel que venía a hablar de su libro!..."

El exabrupto, creo yo, estaba plenamente justificado, aunque tampoco pretendo quedarme tendenciosamente en tan nimia anécdota mediática. Más allá de la simplificación pintoresca e iletrada de las gentes, mucho es lo que merece la pena decirse o saberse acerca de Umbral, el novelista, el ensayista, el cronista político, el columnista de un nuevo costumbrismo, el hombre de izquierdas... QUERAMOS SABER, sí, incluso sobre "La década roja". Y, por encima de todo, sepamos leyendo al autor en su obra. Si no lo hemos ido haciendo ya, aprendamos al menos su gramática como párvulos griegos ahora que murió, acaso despacio y conjugando la rosa.

Umbral sostuvo durante toda su vida que se podía escribir con whisky o sin whisky (Cela, uno de sus grandes mentores, hubiera preferido que fuese con güisqui o sin güisqui). También que podía hacerse a máquina o a mano (según Umbral, los malos autores escriben con computadora). En los últimos tiempos, había sucumbido al embrujo de la comodidad informática, pero de su fidelidad a la Olivetti, nacieron casi todas sus páginas. Y sus líneas más célebres, verbi gratia : "El deporte es una estilización de la guerra" o "Los deseos se tienen; lo que se pide es su cumplimiento".

Con el fallecimiento del escritor, ni perdemos ni se cierra un umbral a las letras hispánicas. Ello corre de cuenta nuestra.

* * *

NOTA: al escribir nimia (v.supra) quiero significar 'carente de importancia, insignificante'. Y es que algo habría que hacer con la dichosa palabra y sus contrarias acepciones...

Se acabaron las vacaciones...

... o casi. Cuando menos, se acabó el viajeo.

No sé qué escribir; demasiado es lo que he acumulado durante tantas semanas y mi maltrecha capacidad cerebral se resiente.

Demasiado madrugador este primer tecleo; tras un prudente reposo quizá algo salga: Norma (soberbia), últimos días ampurdaneses, Cabo de Gata, Cuenca, Segovia, La Granja, Madrid, Van Gogh, lecturas de verano...

O alguien. Me gusta la gente, a veces (siempre, si se llaman Ramón, Mary, J.Gaspar, Vicenta, Paqui, Felipe, Javi, Ana...)

El fin o los medios.

El fin o los medios.

Durante mi penúltimo asalto lector a Mi oído en su corazón, de Hanif Kureishi (gracias por descubrírmelo más allá del séptimo arte, Play), leí un fragmento en que el autor cita cierto pasaje de la Autobiografía de J.S.Mill:

Supón que todos tus objetivos en la vida se realizasen [...] ¿Sería esto una gran alegría y felicidad para ti? Y un inconsciente irreprimible respondió con toda claridad: '¡No!' Ante esto, me hundí anímicamente: el fundamento completo sobre el que había construido mi vida se derrumbó. Toda mi felicidad la había encontrado en la búsqueda constante de ese fin. El fin había dejado de atraer, y ¿cómo podría volver a haber de nuevo interés por los medios?

Al hilo de lo leído, escribí en la hoja en blanco del final de edición algo con lo que ahora me propongo daros el tostón.

Se busca el sentido de la vida. No se encuentra. Se admite el fracaso o se plantea la posibilidad de que buscar el sentido a la vida pueda ser el sentido mismo de la vida. No es universal ontología, claro; tan sólo un camino individual.

Ni siquiera. Apenas un jugueteo del intelecto, entretenimiento o ingenio de una mente ociosa. Lo cierto es que no hay un sentido de la vida. Se vive y, en los aconteceres del vivir, en las sensaciones que nos despiertan, encontramos los pequeños, imperceptibles, múltiples, sentidos de la vida. Por supuesto, la mayoría de experiencias, anodinas, consuetudinarias, mecánicas incluso, resultan estériles; pero unas pocas nutren el espíritu -alguna lo colma-, y es el cúmulo de éstas el que hace prescindible buscarle un sentido a la vida. La acumulación no es tampoco 'per se', el sentido de la vida, ¡ojo!; únicamente nos ahorra la angustia vital que obliga a su búsqueda.

Pero volvamos al presupuesto inicial. Es notoriamente común la creencia de que nada pasa porque sí; que cuanto sucede, sucede por algún motivo, como si un arcano sentido de la vida fuese la consoladora batuta que dirige los instrumentos de la sinfonía vital. No obstante, a poco que analicemos este determinismo, este imperio de los designios, observaremos cómo su esencia es tautológica, es decir, cada cosa ocurre precisamente porque tiene un sentido. ¿A qué buscarlo?, pues. Tiene que suceder y listos. No obstante, con suerte, ese sentido se revela en una futura experiencia satisfactoria, la cual, a su vez, cobra sentido iinecesario en su supuesta causa. Pero, en última instancia, ¿no es esta actitud una sutil forma de conformismo? Más aún, ¿no llega a ser una venda con que taparse los ojos? Aquí, la creencia en el sentido de la vida es un acto de fe y en el transcurso de ésta se encuentran los indicios.

En el extremo opuesto, se halla aquél para quien todo ocurre porque sí, como podría no haber ocurrido; aquél para quien ese determinismo del que acabo de hablar no es sino una huida fácil del absurdo, un esquema simple -todo esquema supone orden- con que  enmascarar lo caótico de la experiencia vital: el caos, lo desconocido, el sinsentido infunden siempre temor. Claro está que no todo el que defiende esta postura ha de hallarse necesariamente inmerso en la duda existencial. La suya puede ser una existencia gratificante, satisfactoria, feliz incluso, por obra del azar. Si no se siente así, si la adjetivación pertinente es de signo contrario y hay quien vive una existencia frustrante, insatisfactoria, infeliz por obra del infortunio, acaso se ponga a buscar el sentido de la vida y no lo encuentre y se plantee entonces si la búsqueda del sentido de la vida es 'per se', un posible sentido de la vida.

No obstante, tan sólo se tratará de ingeniería mental. Y si es como la aquí vertida, además, barata.

Noche ampurdanesa.

Noche ampurdanesa.

Estío. Noche serena, de casi plenilunio. Una mesa compartida: Marta G., Marta R., Albert, Forti, Ramon, Pep y el menda (si me sacudo la modestia y sumo: siete magníficos). Y Martí, que cuidaba de nosotros en su Restaurante-Brasería como restaurador y como amigo. Fue una agradabilísima velada de tertulia en que la charla daba paso a la risa y vuelta a empezar.

 

No estaban todos los que son; pero, como bien dice el retruécano, eran todos los que estaban. Y al resto se les trajo a la conversación. Y, mientras las estrellas titilaban, nos los llevamos por el camino largo a La Luna.