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Día de pintores.
La radio de primera hora de la mañana recordaba al oyente una efeméride: tal día como hoy de 1944 murió Vasily Kandinsky, precursor del arte abstracto
Las casualidades del calendario llevan a encadenar circunstancias: hoy ha sido despedido en la capilla del tanatorio de Sant Gervasi Josep Guinovart, uno de los más destacados pintores españoles de posguerra. Allí se han dado cita, según deseo que había expresado el artista, una copa de vino y un poema de Joan Salvat-Papasseit. No puedo por menos que pensar en que, a quien durante los años cincuenta exploró la pintura abstracta, también le hubiera complacido saber que el último viaje habría de hacerlo tal día como hoy.
(Kandinsky)
(Guinovart)
(Tàpies)
(Cuixart)
Resulta curioso: Antoni Tàpies, cofundador junto a Guinovart, entre otros, del grupo Tahüll cumple ochenta y cuatro años, precisamente hoy.
Las artes plásticas del país no cesan en su duelo; hace apenas mes y medio despedimos también para siempre a Modest Cuixart, otro miembro destacado de ese grupo Tahüll.
Tras Venus.
La cara oculta de la Luna, quizás no; pero...

Perdón por la iconoclasta irreverencia con el modelo. Después de todo, ni el malsano interés que despiertan unas imposibles nuca, nalgas y pantorrillas logra que valga la pena perder de vista tan angelical rostro.
¡Ay, si Botticelli levantara la cabeza! En fin, al igual hasta sonreía.
La belleza del rostro femenino en el arte.
Es un lugar común que el rostro es el espejo del alma; Wittgenstein fue más allá al aseverar que el rostro es el alma del cuerpo.
Hace un tiempo regalé a Nuri un hermoso libro a cargo de Umberto Eco: "Historia de la belleza". En él se expone la evolución del concepto de belleza, de sus cánones, a lo largo de la Historia, desde la indisolubilidad de belleza y bondad hasta la exaltación de la fealdad bella. El recorrido, claro, se sustenta sobre todo a través del punto de vista del arte. Ya Leonardo Da Vinci dijo que la belleza perece en la vida pero es inmortal en el arte.
En fin, recordé este libro (vuelto una vez más a hojear ahora) al ver este vídeo que me ha dado a conocer Nuri.
La noche de los Museos europea.
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La Privamera, de Sandro Botticelli.

En la pared contigua a El Nacimiento de Venus, luce este otro Botticelli. Para contemplarlo basta con girar la mirada hacia la derecha y moverse apenas unas baldosas. De nuevo, poco importa que la raíz cuadrada de a por c sea igual a b -o sea, poco importa f-; ni la complejidad y detalle de las leyes albertianas aplicadas a la variedad y abundancia de elementos, a los personajes, a sus posturas...
No sé si la contemplación de la belleza, tal y como afirma Dostoievsky en El idiota, puede obrar el milagro de salvar al mundo. Pero merece la pena intentarlo; cuando menos, uno mismo se va salvando.
El Nacimiento de Venus, de Sandro Botticelli.

No creo que sea la divina proporción áurea -siempre me hará pensar en la Welch de hace un millón de años-; ni la perfecta adecuación a la idealizada belleza de la Descriptio puellae; ni la sensación de ingravidez y movimiento detenido; ni, por supuesto, esa belleza de la diosa, más arte que humanidad, más estatua que mujer. O sí. O todo ello y, sobre todo, la pureza de ese rostro ya melancólico al nacer, falsamente sustentado sobre el enhiesto cuello.
Tras una hora de absorta contemplación, aún hoy deben de estar en la sala de los Uffizi intentando secar el charco que en la perpendicular de mi bocabierta dejara.




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